La Obra sin fronteras

HOJA DE FAVORES. DICIEMBRE 2019
En 1912, las seguidoras de Dolores Sopeña participan en una misión fuera de España, en Pau, destinada a los españoles que, empujados por el hambre, se habían ido a trabajar a tierras francesas. Esa primera experiencia les hace descubrir las difíciles condiciones en las que vive esa pobre gente y las lleva a abrir allí un Centro para los obreros que sea al mismo tiempo un refugio y un remedio permanente a tantas penas y necesidades.
En Pau, la Marquesa de San Carlos tiene noticia de estos trabajos y le pide a Dolores que envíe a alguna de sus compañeras a los barrios obreros de París. Dolores le propone abrir un centro obrero en la capital francesa. La Marquesa acepta entusiasmada y, el 23 de febrero de 1914 se inaugura el Centro. Desgraciadamente, el estallido de la Primera Guerra Mundial pondrá fin a estas dos iniciativas, pero no al deseo de Dolores de llevar su Obra allí donde haya obreros que necesiten de su ayuda: por esas mismas fechas, abre Centros en Roma y ella misa se desplaza a Orán, en África del norte, donde existen muchos trabajadores españoles, para fundar un Centro.
Y no se quedan ahí sus iniciativas. La labor de esta Obra había llegado a oídos del prelado de la capital chilena y éste, que también había desarrollado una importante tarea pastoral entre trabajadores, se pone en contacto con Dolores solicitando la apertura de Centros en la diócesis. En 1917 llega el primer grupo a Santiago de Chile. Un nuevo territorio de acción se abre para el Instituto, pero Dolores no podrá gozar del resultado de sus iniciativas: mientras su Obra se asienta en el continente americano, la Fundadora se va extinguiendo lentamente entre Toledo y Madrid.



