Loyola, cuna de San Ignacio

HOJA DE FAVORES. DICIEMBRE 2019
Loyola había ejercido siempre en Dolores Sopeña y sus seguidoras un magnetismo particular, por ser la cuna de San Ignacio.
Allí habían realizado Dolores y sus primeras compañeras sus ejercicios espirituales antes de dar vida al Instituto y, desde entonces, suspiraban por poseer una casa donde repetir la experiencia de los Ejercicios con regularidad.
En 1905 la comunidad de Santoña se había enterado de la existencia de un caserío enfrente de la ermita de la Virgen de Olatz que podía servir muy bien como casa de ejercicios y, tras obtener del Obispo de Guipúzcoa el permiso de utilizar la ermita, habían decidido comprarlo para regalárselo a Dolores el día de su santo, el Viernes de Dolores. La Fundadora, emocionada, se había puesto en contacto inmediatamente con un arquitecto de Bilbao para que realizara los planos de un nuevo edificio en el que instalar la Casa de Formación del Instituto.
Disponía únicamente de cinco duros de los de la época, cuando el presupuesto previsto por el arquitecto para la construcción del edificio ascendía en principio a 70.000 duros, pero la falta de medios no la amedrentaba. “Todo se andará”, respondía a los que se asustaban ante su total falta de dinero para tan gran proyecto y todo se anduvo. El 27 de julio de 1909 el grupo de jóvenes en formación salen de Toledo en dirección a Loyola donde las espera la Fundadora. El edificio está terminado, pero todavía no está habitable, de modo que esa noche van a dormir en la Casita de Olatz.
Tres días después, festividad de San Ignacio, tiene lugar la inauguración privada. La realmente solemne se celebrará un año más tarde, en la fiesta de San Ignacio de 1910.
Dolores ha visto cumplido su sueño: tener una Casa de Formación en Loyola y (aún no lo sabe), allí tendrá un mausoleo en el que descansarán sus restos cuando el Señor la llame a su lado.



