+ 34 914 468 994

Segunda publicación de la apertura del Año Centenario

27 Dic 19

HOJA DE FAVORES. DICIEMBRE 2017

El próximo 10 de enero de 2018 celebraremos con especial relevancia, los 100 años de la ida al cielo de la beata Dolores Sopeña. Fecha memorable, pues marca el punto de llegada a la meta después de una vida entregada a Dios y a los demás.

Entre los testimonios de personas que la acompañaron en sus últimos días, tenemos el de su médico. Sorprendido por su profunda serenidad interior, preguntó sobre la causa de dicho estado en momentos tan críticos. La respuesta fue sencilla, era la paz, fruto del deber cumplido, de una misión plenamente realizada, la misión de “Hacer de todos una sola familia” y “Dignificar al trabajador”, en épocas en que el mundo obrero era especialmente vulnerable.

Contamos, además con la última carta que dicto, apenas una semana antes de morir. Empieza dicho escrito con una hermosa exclamación, salido de lo profundo del corazón: “Qué hermoso es irse al cielo sonriendo”. Sí, su horizonte no era la muerte, era el retorno a la casa del Padre.

Este Centenario se une a la celebración de los 100 años de la primera fundación en América, concretamente, en Santiago de Chile, el año 1917, aún en vida de Dolores Sopeña.

El pasado 23 de marzo de 2017, aniversario de su Beatificación, se abrió el Año Jubilar, Año Santo para todos los que conformamos esta gran Familia que ha crecido y se ha extendido por diversos países, unida por un factor común: Ser Sopeña de corazón”. En torno a dicha fecha se celebraron vigilias de oración, eucaristías y otros actos en todas las sedes de la Institución, en España, Italia y América Latina.

La Iglesia proclama el Jubileo como “Año de Gracia”, año de perdón, año de reconciliación, año de una verdadera conversión de nuestro corazón, año de alabanza, año de acción de gracias. Por eso, hacemos nuestra la frase de Dolores Sopeña”…y contemplando juntos las misericordias de nuestro Dios para con nosotros, entonemos un himno de acción de gracias que dure tanto cuanto duren nuestras vidas.

La conmemoración de este primer Centenario no es sólo una mirada agradecida al pasado, sino la proyección hacia un futuro esperanzador, conscientes de que hemos heredado cien años de vida fecunda, que estamos llamados a hacer crecer. Por eso, nuestra celebración tiene que tener no sólo un sentido festivo, sino también religioso, cultural y solidario, con la certeza de que el Carisma Sopeña sigue vivo y actual en todos aquellos que viven y transmiten los valores Sopeña allí donde estén, colaborando en la construcción de un mundo más justo y fraterno, para hacer realidad en la historia  sueño de Dios.