HOJA DE FAVORES. MAYO 2019
“Alegraos y regocijaos” dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la que fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre… (nº 1)
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Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos, viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales. (nº 14)
Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo en su vida. Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: “Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor”. En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. El Señor la ha llenado de dones con la Palabra, los Sacramentos, los santuarios, la vida de las comunidades, el testimonio de sus santos, y una múltiple belleza que procede del Señor, “como novia que se adorna con sus joyas”. (nº 15)
Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: “No, no hablaré mal de nadie” este es un paso en la santidad, Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego viene un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso. (nº 16)
A veces la vida presenta desafíos mayores y a través de ellos el Señor nos invita a nuevas conversiones que permiten que su gracia se manifieste mejor en nuestra existencia “para que participemos de su santidad” Otras veces solo se trata de encontrar una forma más perfecta de vivir lo que hacemos: “Hay inspiraciones que tienden solamente a una extraordinaria perfección de los ejercicios ordinarios de la vida” Cuando el Cardenal Francisco Javier Nguyen van Thuan estaba en la cárcel, renunció a desgastarse esperando su liberación. Su opción fue “vivir el momento presente colmándolo de amor”; y el modo como se concretaba esto era: “Aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria”. (nº 17)
Así, bajo el impulso de la gracia divina, con muchos gestos vamos construyendo esa figura de santidad que Dios quería, pero no como seres suficientes sino “como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.
(De la Exhortación Apostólica ¡Alegraos y regocijaos! de S.S. Francisco) Papa
HOJA DE FAVORES. MAYO 2019
Cuando Dolores Sopeña regresa a Toledo con las Constituciones aprobadas por el Santo Padre, tiene casi sesenta años; ella, evidentemente, no lo sabe, pero le quedan únicamente diez de vida. Si no sabe exactamente de cuánto tiempo dispone, presiente que no puede ser mucho, dado su estado de salud y los achaques que padece, cada vez más frecuentes. Cuando ella falte, otras personas tendrán que continuar la obra iniciada, por lo que a partir de ahora decide repartir su tiempo entre la acción directa y la formación de sus colaboradores.
La formación de los nuevos miembros del Instituto se lleva una buena parte de su energía, pero no le impide acudir a abrir nuevos centros allí donde la llaman. En Madrid, a un paso de Toledo, tiene un campo propicio para su acción. Dolores conoce bien las necesidades de los barrios pobres de la capital por haber empezado en ellos su obra unos cuantos años antes, y se mantiene en contacto con sus colaboradoras de la primera hora, que siguen esforzándose por ayudar a esa pobre gente. Por eso, en cuanto puede -en octubre de 1909- abre dos Centros en dos barrios populares, la Prosperidad (entre el pueblo de Chamartín y la Ciudad Lineal) y el Obelisco (lo que hoy es la plaza Manuel Becerra). Los tiempos no son fáciles. En España soplan vientos de radicales anticlericalismos, de nacientes socialismos, de violentos anarquismos, y los ánimos están soliviantados a causa de la muerte de Ferrer, el defensor de la escuela laica, tras los acontecimientos de las Semana Trágica de Barcelona. En esas condiciones, la llegada de las seguidoras de Dolores Sopeña a esos barrios pobres no puede ser observada más que con desconfianza, si no con manifiesta hostilidad.
Pero ellas no hacen caso de esa oposición. Actúan como han hecho siempre, ayudando a todos en lo que pueden. Les hablan de la dignidad humana a la que tienen derecho, de la necesidad de buscar hermandad y solidaridad en lugar de cultivar el odio de los unos hacia los otros. Y la actitud de los habitantes de la Prosperidad y del Obelisco cambia: a los pocos meses de su llegada, los Centros van tomando un ambiente propio, y en la lista de los afiliados figuran nombres muy destacados de la Directiva de la Casa del Pueblo. Cinco meses más tarde, la actividad de le Obra se extiende a otros dos barrios, Embajadores y Leganés.
Siendo Madrid la capital de España, considera Dolores que esta ciudad está llamada a ser sede central de la Obra. Una casa cedida por una simpatizante les permite disponer de momento de una residencia (aunque prestada) en la capital. Luego alquilan un piso en la Castellana. La idea es edificar la sede de la Dirección General, pero hay que esperar a disponer del dinero necesario: colocarán la primera piedra en la calle Francisco de Rojas, el 19 de abril de 1914, y la inaugurarán el 8 de enero de 1916. Antes hay que responder a necesidades más urgentes, atender a otras peticiones de apertura de centros.
Primero en Valencia, en el Grao y Marchelenes; luego en Vizcaya, en Asturias… Los problemas de vista empeoran, la diabetes que padece desde hace tiempo se agrava, provocándole una sed torturadora; se ha ganado un merecido descanso, pero no se lo permite. ¡El deber pasa antes que nada!
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