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Segunda publicación de la apertura del Año Centenario

27 Dic 19

HOJA DE FAVORES. DICIEMBRE 2017 El próximo 10 de enero de 2018 celebraremos con especial relevancia, los 100 años de la ida al cielo de la beata Dolores Sopeña. Fecha memorable, pues marca el punto de llegada a la meta después de una vida entregada a Dios y a los demás. Entre los testimonios de […]

Expansión de la Obra

HOJA DE FAVORES. DICIEMBRE 2017 Al mismo tiempo que la Obra se enraíza en Sevilla, nace en Jerez de la Frontera, de donde han llamado a Dolores con insistencia. Dolores acude a la salida del trabajo de las bodegas a hablar con los obreros y proponerles asistir a las reuniones que piensa organizar para ellos. […]

La Obra se extiende por toda España

HOJA DE FAVORES. MAYO 2018 El 31 de octubre de 1901 nace el hoy llamado Instituto Catequista Dolores Sopeña. Al mismo tiempo, Dolores decide crear una asociación civil y continúa abriendo Centros de Instrucción para mejor desempeñar el servicio de promoción de la familia trabajadora que lleva realizando desde hace ya tanto tiempo. Se trata […]

Segunda publicación de la apertura del Año Centenario

HOJA DE FAVORES. DICIEMBRE 2017

El próximo 10 de enero de 2018 celebraremos con especial relevancia, los 100 años de la ida al cielo de la beata Dolores Sopeña. Fecha memorable, pues marca el punto de llegada a la meta después de una vida entregada a Dios y a los demás.

Entre los testimonios de personas que la acompañaron en sus últimos días, tenemos el de su médico. Sorprendido por su profunda serenidad interior, preguntó sobre la causa de dicho estado en momentos tan críticos. La respuesta fue sencilla, era la paz, fruto del deber cumplido, de una misión plenamente realizada, la misión de “Hacer de todos una sola familia” y “Dignificar al trabajador”, en épocas en que el mundo obrero era especialmente vulnerable.

Contamos, además con la última carta que dicto, apenas una semana antes de morir. Empieza dicho escrito con una hermosa exclamación, salido de lo profundo del corazón: “Qué hermoso es irse al cielo sonriendo”. Sí, su horizonte no era la muerte, era el retorno a la casa del Padre.

Este Centenario se une a la celebración de los 100 años de la primera fundación en América, concretamente, en Santiago de Chile, el año 1917, aún en vida de Dolores Sopeña.

El pasado 23 de marzo de 2017, aniversario de su Beatificación, se abrió el Año Jubilar, Año Santo para todos los que conformamos esta gran Familia que ha crecido y se ha extendido por diversos países, unida por un factor común: Ser Sopeña de corazón”. En torno a dicha fecha se celebraron vigilias de oración, eucaristías y otros actos en todas las sedes de la Institución, en España, Italia y América Latina.

La Iglesia proclama el Jubileo como “Año de Gracia”, año de perdón, año de reconciliación, año de una verdadera conversión de nuestro corazón, año de alabanza, año de acción de gracias. Por eso, hacemos nuestra la frase de Dolores Sopeña”…y contemplando juntos las misericordias de nuestro Dios para con nosotros, entonemos un himno de acción de gracias que dure tanto cuanto duren nuestras vidas.

La conmemoración de este primer Centenario no es sólo una mirada agradecida al pasado, sino la proyección hacia un futuro esperanzador, conscientes de que hemos heredado cien años de vida fecunda, que estamos llamados a hacer crecer. Por eso, nuestra celebración tiene que tener no sólo un sentido festivo, sino también religioso, cultural y solidario, con la certeza de que el Carisma Sopeña sigue vivo y actual en todos aquellos que viven y transmiten los valores Sopeña allí donde estén, colaborando en la construcción de un mundo más justo y fraterno, para hacer realidad en la historia  sueño de Dios.

 

 

 

Expansión de la Obra

HOJA DE FAVORES. DICIEMBRE 2017

Al mismo tiempo que la Obra se enraíza en Sevilla, nace en Jerez de la Frontera, de donde han llamado a Dolores con insistencia. Dolores acude a la salida del trabajo de las bodegas a hablar con los obreros y proponerles asistir a las reuniones que piensa organizar para ellos. Pronto se ponen en marcha dos secciones de hombres y tres de mujeres. La aventura andaluza no se limita a esas dos ciudades: Sevilla y Jerez. Se va extendiendo progresivamente a muchas otras: Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, San Fernando, Lebrija, Linares, Almería, Málaga, Jaén…

Ya una vez puesta en marcha la Obra, Dolores intenta responder a todas las llamadas que puede, procedentes de toda España: Toledo, Daimiel, Cuenca, Ciudad Real, Burgos, Santoña, Badajoz, Mérida… En cuatro años realiza 199 viajes por ese “mapa tan grande” del que le había hablado su confesor, el Padre López Soldado.

 ROMA

En 1900, el Obispo de Sevilla, Monseñor Spínola, organiza una peregrinación a la Ciudad Eterna con motivo del Año Santo. Dolores forma parte del grupo. Desde hace un tiempo, una idea ronda por su cabeza: convertir las “Doctrinas” en una Obra permanente. Ese viaje a Roma la permitirá sondear a algunos miembros de las autoridades eclesiásticas para conocer su opinión al respecto y hacerse una idea más clara de la viabilidad de ese proyecto. Con ese fin visita al Padre Luis Martín, General de la Compañía de Jesús, al que pone al corriente de sus intenciones. El Padre General le hace orar lo ardua que le resultará la realización de la Obra que proyecta, pero no la desanima a acometerla, al contrario, antes de despedirla, le da su bendición “para la obra que iba a nacer”. Como si en lugar de un simple proyecto, se tratara ya de una realidad en marcha. En esos días, el 22 de octubre, hace un retiro en el sepulcro de San Pedro, donde recibe la confirmación de Dios para fundar un Instituto que diera continuidad a la Obra.

 TOLEDO

Dolores regresa a Sevilla, decidida a poner en marcha el proyecto. Consulta con el Padre Tarín y éste le propone unos ejercicios espirituales en las Esclavas para ella y si podía reunir algunas amigas, mejor. Durante esos ejercicios se desvelan las últimas dudas y los últimos temores en el alma de Dolores. Sale de ellos más decidida que nunca a llevar a cabo el plan que Dios le había inspirado.

Lo primero que había que hacer era decidir el lugar en el que iba a nacer. El Arzobispo de Sevilla le prometía su ayuda en caso que decidiera inicarla en su diócesis, y otro tanto hacían el Obispo de Málaga y el Arzobispo de Toledo. Indecisa, Dolores consulta a su antiguo confesor en Madrid, el Padre López Soldado. La respuesta de éste es contundente: “Mi opinión, sin dudarlo, es que elija al Cardenal Sancha. La conoce desde Cuba, conoce la Obra, en sus manos y por él se ha formado la Asociación en Madrid, y como la quiere tanto a usted, lo tomará todo con gran interés. Además, considero a éste con más tupé que ninguno para que en este tiempo, gobernado por Canalejas, se ponga al frente de un Instituto que nace, así que vaya decidida a pedirle protección, que con ésta siempre cuenta”.

Efectivamente, el Cardenal Sancha es una antiguo conocido de Dolores. Habían coincidido en Cuba cuando Ciriaco Sancha era un simple sacerdote y Dolores una jovencita que se ocupaba de los pobres negros y mulatos. Se habían vuelto a ver en Madrid, ya Obispo el Padre Sancha, donde él había seguido con interés toda la labor de las Doctrinas e insistido para que Dolores fundara una Asociación. Ahora, Arzobispo de Toledo, le ofrece alguna ermita de las afueras o dentro de Toledo para que en ella instale el Instituto que desea fundar. Dolores elige la del Cerro de la Virgen de Gracia. El Arzobispo no sólo le hace donación de la ermita, sino que se ofrece para construir en el emplazamiento de la casa del ermitaño, las habitaciones necesarias según el número de compañeras con las que cuente para empezar. “¿Cuántas habitaciones quieres que te mande hacer?”, le pregunta. “Siete”, responde Dolores fijando ese número por los Dolores de la Santísima Virgen y no por el número de compañeras con las que cuenta, mucho más reducido: “una y ésta no segura”. Se trata de una joven sevillana, Dolores Bécquer, venida a Madrid en busca de una congregación religiosa en la que realizar su vocación. Pronto llegarán otras: María Manjón, viuda del General Salinas, la presidenta de Sanlúcar; Carmen Moreno, de San Fernando, Pepa y Petra Ayala, Teresa Segura, Dolores Navarro… Siete como Dolores había querido.

Con ellas y con su hermana Martirio, Dolores se traslada a Loyola para hacer unos ejercicios espirituales. Al término de los mismos, el 24 de septiembre de 1901, se firma un acta que marca el inicio de la Obra.

La Obra se extiende por toda España

HOJA DE FAVORES. MAYO 2018

El 31 de octubre de 1901 nace el hoy llamado Instituto Catequista Dolores Sopeña. Al mismo tiempo, Dolores decide crear una asociación civil y continúa abriendo Centros de Instrucción para mejor desempeñar el servicio de promoción de la familia trabajadora que lleva realizando desde hace ya tanto tiempo.

Se trata de un nuevo método que empieza  por unas clases de álgebra, de electricidad o de dictado y termina propiciando un encuentro con Dios, al que poco a poco se va conociendo. Dichos Centros atraen en seguida a numerosos obreros por su carácter abierto y respetuoso de toda ideología o creencia religiosa. En 1902, el Gobierno reconoce la utilidad del trabajo realizado por Dolores y sus compañeras, aprobando los Estatutos de la asociación civil, posteriormente denominada Obra Social y Cultural Sopeña (OSCUS) y actualmente Fundación Dolores Sopeña.

Pronto empiezan a llegarle a Dolores proposiciones de toda la Península para abrir nuevos Centros. Primero de Carmoa, donde la Condesa de Casa Galindo le ofrece una casa y los medios necesarios para ponerla en marcha. Al año siguiente, 1903, el Instituto se instala en el norte de España, en Santoña. La siguiente fundación la realizan en 1905, en Barcelona, adonde acuden llamadas por el Marqués de Comillas, que les proporciona una casa en el barrio obrero de Sants. Y de ahí a Palencia, a Valladolid… Al filo de estas fundaciones, la Obra de Dolores va ganando sus galones de nobleza.

Los centros de instrucción que surgen en los pueblos y en las ciudades suponen un paso importante en el acercamiento a los trabajadores más apartados de la Iglesia o contrarios a ella, envueltos en el feroz anticlericalismo de la época.  Muchos acuden a los Centros a regañadientes, porque se aprende algo, o incluso con la secreta intención de burlarse, pero cuando descubren el respeto que se les manifiesta, sin distinciones de creencias ni de ideología, la desconfianza se muda en gratitud y ellos se convierten en lo más fervientes heraldos de la Obra entre sus compañeros.